26 Apr
Estirpes de la desolación

Patrick Pareja Flores (Iquitos, 1985) construye en Ante los ojos de la noche (Animal de invierno, 2026) una novela en donde las heridas se heredan como una condena familiar. Ambientada en Belén, Iquitos, durante los años del fujimorato, la historia se cuenta a dos voces y en dos tiempos (1992 y 1999). Las narradoras nos muestran que, mientras en el espacio público los hombres gozan de impunidad, en lo doméstico las mujeres enfrentan el abandono y el hambre. Asimismo, ambos personajes son variaciones de una misma violencia. Meri llega al trabajo sexual empujada por el abuso de su cuñado y por el desamparo de su hermana, quien la culpa de la agresión para preservar su hogar. Darlin, en cambio, toma ese camino empujada por el hambre. En los dos casos, la familia y el Estado, las dos estructuras que deberían protegerlas, terminan botándolas a la calle.

La historia comienza con una adolescente de dieciséis años atrapada en una forma prematura de maternidad. Tiene que trabajar y cuidar a su madre enferma. La inversión de roles es una de las partes más perturbadoras de la novela. En Belén, las mujeres parecen tener dos opciones atravesadas por la precariedad, la dependencia y el dominio masculino: contraer matrimonio o dedicarse al trabajo sexual.

Un personaje que desafía ese destino es Adelí. Ella mata a su esposo maltratador, pero su acto de defensa no es algo sanador ni liberador. Años después, su cuerpo enfermo, degradado por los gusanos que le brotan de la cabeza, parece recibir una suerte de castigo divino. La imagen tiene una potencia grotesca y mítica que da a entender que, incluso cuando una mujer se defiende, el mundo encuentra la manera de hacerla responsable.

Los personajes femeninos de Ante los ojos de la noche «llegan a ser», en términos beauvoirianos, esposas, prostitutas, cuidadoras o culpables porque el entorno les impone esos roles. Los personajes masculinos, en cambio, reproducen formas de abandono, abuso, brutalidad o indiferencia. Sin embargo, Fede Bronco, esposo de Meri, se aparta del patrón que domina el universo narrativo. Es un hombre que la «saca» del trabajo sexual, se casa con ella y logra mantener un vínculo sano. Las intervenciones de Bronco balancean el relato descarnado del maltrato.

Respecto del lenguaje, la oralidad, el registro coloquial y las expresiones idiomáticas funcionan de manera distinta en cada personaje. Mientras que Meri y Darlin cuentan sus historias con rabia y desolación, personajes como Lucio tienen el privilegio de emplear un lenguaje hiperbólico para expresar esperanza respecto de un cambio social, aunque este jamás se geste.

Mi lectura de Ante los ojos de la noche es la de una novela sobre la violencia patriarcal y su transmisión generacional en un contexto marcado por la pobreza y la impunidad. Patrick Pareja construye una ficción donde las mujeres intentan sobrevivir la noche en Belén, en donde no hay un mesías, solo un fatídico binomio matrimonio-trabajo sexual que marca sus destinos.



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