Romina Paredes
17 Mar
La mitad de bueno

Me cuesta decir cosas negativas de un libro. Primero, porque es probable que no lo haya entendido y, segundo, porque no me gusta disuadir lectores. Pensé mucho antes de escribir este comentario acerca de La mitad de su edad, publicado por Stefano Books en 2026, un sello de Ediciones Urano. Tanto así que terminé en un rabbit hole filosófico acerca de qué y por qué escribir.

En su primer libro, Jennette McCurdy comparte su experiencia de trabajo infantil impuesto por el superyó de su madre. Me fascinó. Cuando leí en redes que su siguiente novela estaría basada en una relación que la autora tuvo con un hombre mayor a los diecisiete —una vivencia incluida en su primera entrega— y que abordaría el tema de la ira femenina (female rage) me emocioné. De hecho, Jennette comentó en una entrevista que ese era un eje central del texto. Bueno, no hay nada que justifique esa etiqueta. Hay decepción, desorientación, pero ningún desarrollo narrativo de la ira femenina. Se queda en un ennui a lo Moshfegh. Qué cólera me da cuando la maquinaria editorial convierte conceptos políticos en eslóganes. Me parece que aquí se usaron buzzwords para promocionar el libro de una autora con visibilidad gracias al éxito comercial de su primera obra.

No es fácil escribir sobre un tema tan usado. Sin embargo, creo que Jennette tenía material de sobra para crear una novela incómoda y muy contemporánea sobre el deseo, la manipulación y el paso brutal a la adultez a través del abuso. Me parece que la autora desperdició su experiencia como actriz infantil en Hollywood. Allí había una materia mucho más específica para pensar las dinámicas de poder, el disciplinamiento de los cuerpos, la explotación emocional y el deseo. Frente a eso, el profesor y la alumna adolescente es una opción gastada, menos riesgosa y menos propia. Con esto no quiero decir que toda ficción deba ser autobiográfica o que se deba escribir sobre lo que se vivió. Entiendo y respeto que cada autor tenga un acercamiento único a la literatura. En este caso, la novela trata temas dificilísimos, pero lo hace de manera superficial. Como lectora, me quedé con la impresión de que, perdón por la jerga futbolera, Jennette jugó con la cómoda.

Otro problema está en el punto de vista. Por momentos, la narradora parece tener conciencia y haber tomado distancia de los hechos. Después da la impresión de quedarse en un lugar cercano y, por ende, frívolo, a pesar de que sobreexplica varias escenas y, en otras, nos priva de su percepción. Esto se nota en el señor Korgy. El personaje queda reducido, en buena medida, al cliché del hombre en crisis de mediana edad que abandona a su familia para ser escritor y vivir su locura de amor con una adolescente. Spoiler: el profe no escribe ni michi.

No creo que toda novela deba complejizar sus personajes masculinos y menos si el verdadero interés está en la experiencia femenina. De hecho, puede ser una estrategia de aplanamiento deliberado para que la trama no se desvíe hacia él. El problema es que esa decisión habría funcionado si el libro de verdad profundizara en la narradora, en su desconcierto y en la manera en que la relación con su cuerpo abre el accidentado camino hacia la adultez. La decepción en sus relaciones, tanto con su madre como con su amiga y con el señor Korgy, podría haber estructurado una novela muy intensa sobre el aprendizaje afectivo.

Sigo en redes a Jennette. La vi llorar de emoción al enterarse de que Tom Perrotta, uno de sus escritores favoritos, escribió un blurb generoso para su novela. También la vi entusiasmarse al recibir buenas críticas de medios importantes como The New York Times y The Atlantic. Me alegra ese reconocimiento, pero no puedo evitar pensar que este libro necesitó una edición más rigurosa. Y ese es otro tema. ¿Acaso ya no existe ese trabajo minucioso en el que el texto se pone en duda, donde escritora y editor se sientan a desconfiar juntos de cada escena?

Tal vez ahí esté una parte del problema. El ecosistema editorial parece premiar la inmediatez y confiar más en los trends y buzzwords de las redes sociales que en el trabajo de edición. Estoy segura de que La mitad de su edad pudo ser más incómoda y corporal si hubiese tenido una lectura exigente.

Al terminar esta lectura recordé a Alan Moore. El famoso escritor dijo que a veces se aprende más de los libros malos que de los buenos. No me atrevo a decir que esta novela sea mala. No es mi estilo destruir por deporte. Pero sí diré que me obligó a pensar qué hace que una historia muy contada deje de ser un cliché y qué clase de mirada necesita un libro para volverse incómodo y conmovedor. En épocas de inteligencia artificial, yo diría que importan el «acontecimiento», como decía Ernaux, o los «momentos del ser», como decía Woolf. ChatGPT no tiene trauma infantil ni estuvo en una relación abusiva. Si vas a decir que escribirás sobre la ira femenina, entonces véngate. Del mundo, del patriarcado y que tus personajes se deterioren en el camino.

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