
Después del apocalipsis, que dejó de ser un impacto total después de que viste a esas viejas que iban a hacer cardio al centro comercial, las que se evaporaron ahí por el P.F. Chang’s donde solías comer con tu mamá en cada cumpleaños, idiotas moviendo sus codos rápido como si el sol no fuera un forúnculo supurante, una de ellas una escultura huesuda con jeta de halcón desde antes del rapto, así que el cúmulo de cenizas era una mejoría, y por qué estabas tan enojada con esas señoras que apenas conocías, es que parecía de retrasados preocuparse por tu condición física mientras que muy cerca cuatro cuervos picoteaban la entrepierna de una señora partida en dos, pero como sea después saliste arrastrándote del sótano y tu mamá te hizo comer enlatados en cada comida, después de que el ojo de tu hermano un día simplemente borboteó y se escurrió de su cuenca en grumos como una yema de huevo que se limpió con el borde de su polo, después de que te atrapaste a ti misma atesorando tus mocos como un cerdo a su trufa, las húmedas y oscuras que crees que tienen más nutrientes, después de que tu papi dejó de ponerse pantalón y su escroto flácido y arrugado ya no te asustaba, después de que viste sus granos del poto retumbar con un pedo mientras miraba atontada por la ventana, ideando un plan según él, después de que tu papi arrancó de ahí con las medias puestas pero el poto al aire en la bicicleta de tu hermano, tu mamá haciendo como que correría detrás de él pero luego se encogió de hombros y se rascó, que es lo que comenzó a hacer después de que había quedado claro que nadie vendría a ayudarnos, ni tanques ni militares ni superhéroes ni ángeles ni magos ni dioses ni Dios, tu mamá agarró la manía de rascarse, tu hermano la de manosearse por encima de los shorts de deporte, ambos en un trance, esos eran sus consuelos, después de que viste a la vecina saludarte desde el techo y luego lanzarse, el cuerpo partiéndose cuando la cuerda se enganchó y bum, se estrelló contra la ventana de su sala de estar, después de que tu mamá hizo que tú y tu hermano la cortaran y tu mamá dijo, Siempre mantenía esas flores ordenadas y tu hermano dijo, Tenía tetas lindas para ser una vieja, después de que tu hermano fileteó a la vecina y tú rostizaste sus brazos en una fogata de basura y los salaste con tierra y tragaste como siempre y la noche siguiente comiste sus muslos internos, que para ti sabían a plástico enmantequillado, después de que tu hermano ató uno de los senos de la vecina en el ojo que ya no tenía hasta que se puso verde y reseco, después de que un sacerdote llegó a la casa pidiendo que lo asfixiemos, o que lo golpeemos en la garganta hasta morir o, ni sabía, que pateemos su cabeza hasta hacerla puré, no podía hacerlo por sí mismo, después de que tu mamá lo mandó a la tienda Circle K de calles abajo donde lo podían ayudar a morir, después de que pensaste en tener relaciones con ese sacerdote antes de que muriera porque nunca lo hiciste y no podías hacerlo con tu hermano, con ese ojo, después de que estuvieras a punto de decirlo, pero las partes íntimas de tu papi se cruzaran por tu cabeza, esos huevos que parecían un desierto árido de vellitos, ese pipí arrugado y derrotado, y dejaste ir al sacerdote, después de que viste al profesor de béisbol de tu hermano bajar por la calle y parar para morder un pedazo de su propio brazo, gritando y masticando, después de que tu hermano dijo, Él siempre fue un puto marica, tu hermano tocándose a sí mismo, sus shorts de deporte que ahora le quedaban como calzoncillos, todos rotos y cagados porque tu hermano simplemente se hacía donde lo agarraba, y por qué no, una vez casi te comes un pedazo de caca que tenía pegado a sus shorts y se cayó al suelo porque se parecía lo suficiente a una salchicha jugosa, y porque sabías que estaría rica y caliente, después de que te despertaste y viste a una mujer pelona en la bicicleta de tu hermano, tu papi agarrando el manubrio, supiste que era él porque tenía el poto al aire, después de que no se lo dijeras a nadie porque ¿ya para qué?, después de que tu hermano se metió una canica vieja que encontró en el jardín del vecino en el hueco del ojo que no tenía, después de que se quejó de que le picaba el cerebro, decía que era capaz de sacarle el ojo a tu mamá para usarlo él porque ella ni siquiera hacía nada con el suyo, vaca vieja y rancia, él siempre se avergonzaba de los problemas de celulitis de tu mamá que seguían sin controlarse a pesar de que ya no había comida chatarra que tragar, después de que le dijiste a tu hermano que no estaba siendo respetuoso, después de que soñaste con una boca con lengua de hamburguesa y dientes de cebolla que te estaba comiendo, después de que una mujer con traje rosado cenizo llegó a la puerta tratando de vender un envase metálico con rubor, después de que tu hermano dijo que le iba a dar una moneda de cinco centavos por eso, después de que viste a tu hermano y a la mujer tirando contra la pared del garaje, con tu mamá a menos de diez metros de distancia, sentada en una silla de jardín, la ceniza cayendo sobre todo aquello como nieve sucia, después de que preguntaste por el rubor y tu hermano dijera, Ah, sí, pero no lo entregó, después de que se originó un incendio y viste a una jauría de perros sobrepasarla, después de que tu mamá decidió vivir en la tina, después de que tu hermano empezó a comer grava, tragándose cada guijarro como una pastilla difícil pero necesaria, después de que tu hermano derribó el techo con un mazo porque estaba aburrido, después de que estuviste de acuerdo en que el aburrimiento era lo peor, mucho peor que el hambre y el miedo y la gruesa bola de chicle mascado en la que se había convertido tu oreja, después de que te despertaste y viste a tu hermano acurrucado abrazando un viejo peluche de elefante que no sabías que tenía, después de que murmuró, Come carne de tetas, mientras dormía, después de que lo oíste antes de verlo, después de que pensaste que tu hermano no estaba dormido, que quizá fue un pedo poderoso, después de esa segunda punzada blanca, después de ese estallido de luz, después.
Nota editorial: La presente traducción al español del cuento After de Lindsay Hunter, incluido en el volumen Don’t Kiss Me: Stories (FSG Originals / Farrar, Straus and Giroux, 2013), fue realizada por Daniela López, Yulia Díaz y Maricielo Córdova con fines estrictamente educativos, en el marco del curso Taller de Traducción General II (grupo 2 – 2026-I) de la Facultad de Humanidades y Lenguas Modernas de la Universidad Ricardo Palma. Esta traducción tiene carácter académico, no oficial y no comercial. No sustituye la obra original ni pretende reemplazar su lectura. Los derechos sobre el texto original pertenecen a sus respectivos titulares, es decir, la autora, sus representantes, causahabientes o licenciatarios, según corresponda. Esta publicación se realiza únicamente como muestra académica del trabajo traductológico.