
Alguien dijo que borró casete. Alguien susurró que para siempre. Alguien dijo que su mamá estaba remodelando la casa. Alguien dijo espero que le guste la pintura roja. Alguien lo vio en el concierto del coro antes de que sucediera. Alguien, un estudiante de primer año, se paró detrás de él en las gradas, su nuca al alcance. Alguien olvidó las letras de la canción por mirar su cabello rizado reposando en su cuello. Alguien escuchó que lo último que cantó fue Noche de paz. Alguien dijo y ahora en paz está. Alguien escuchó que había usado un DNI falso en el bar del estadio de hockey. Alguien vio a su enamorada ahí. Alguien dijo que ingresó por admisión anticipada al programa de premedicina en California. Alguien escuchó que él estaba a la espera de una beca de hockey. Alguien escuchó que su novia se la chupó al arquero de la secundaria South High. Alguien lo vio, eso es lo que todas sus hermanas hacían, esas rubias putas que se hacen las santas. Alguien dijo que su enamorada le gritó en el estacionamiento. Alguien dijo que él le sacó el dedo medio y se metió al carro de Mike. Alguien dijo que la gente odiaba a Mike. Alguien recordó cuando Mike le metió un puñete al autista en el comedor. Alguien se preguntó cómo alguien tan dulce podía ser amigo del huevón de Mike. Alguien dijo que estaba llorando y Mike no podía hacer que dejara de llorar. Alguien preguntó, ¿llorando? Alguien se preguntó cómo una chica pudo romper el corazón de una estrella de hockey y solista barítono con cabello rizado que olía a manzanas. Alguien quería ese tipo de poder. Alguien deseó que aún pudieran secarle las lágrimas. Alguien escuchó que Mike lo llevó a su casa en carro, pero se preocupó y entró detrás de él. Alguien escuchó que su familia estaba en la casa de campo. Alguien dijo que la pistola estaba en un cajón especial con llave. Alguien dijo que su papá tenía una parecida. Alguien se preguntó cómo rompió el candado. Alguien escuchó que Mike lo había llamado a través de los salones oscuros cuando escuchó que cerraron de golpe la puerta del baño. Alguien conocía a alguien que había ido a una fiesta allí el viernes y se tropezó con latas de pintura en ese salón. Alguien bromeó que felizmente había plástico en el suelo. ¿Alguien puede dejar de bromear? ¿Alguien puede callarse? Alguien dijo que Mike le rogó para que saliera del baño. Alguien disfrutó imaginarse al huevón de Mike de rodillas. Alguien dijo que Mike llamó a su enamorada, luego a sus padres, luego al 911. Alguien quería escuchar las grabaciones. Alguien dijo que Mike lanzó todas las latas de pintura a la puerta para tratar de romperla. Alguien dijo que debió hacer mucho ruido. Alguien dijo pero no tan fuerte como el siguiente sonido. Alguien dijo que se puso la pistola en la boca. Alguien dijo que se la puso en la sien. Alguien dijo, en donde sea, pero funcionó. Alguien quería dejar de hablar de eso. ¿Por qué alguien haría eso? ¿Cómo alguien podía sentirse tan roto? Alguien lo sabía. Alguien podía oír el silencio de la casa, el minuto después, la mañana después, ahora todos los días eran un después. Alguien tendría que abrir esa puerta. Alguien intentaría para siempre.
Nota editorial: La presente traducción al español del cuento Red paint de Rebecca Meacham fue realizada por Dirck Roldán, Renato Vidales, Samantha Peña, Geraldine Villanueva y Diego Pacheco con fines estrictamente educativos, en el marco del curso Taller de Traducción General II (grupo 2 – 2026-II) de la Facultad de Humanidades y Lenguas Modernas de la Universidad Ricardo Palma. Esta traducción tiene carácter académico, no oficial y no comercial. No sustituye la obra original ni pretende reemplazar su lectura. Los derechos sobre el texto original pertenecen a sus respectivos titulares, es decir, la autora, sus representantes, causahabientes o licenciatarios, según corresponda. Esta publicación se realiza únicamente como muestra académica del trabajo traductológico.